La Dra. Paulina Rincón González expuso sobre el vínculo y la relación afectiva entre familias, niños, niñas y adolescentes, en una jornada del Programa Habilidades para la Vida que reunió a 82 profesionales vinculados a la promoción, prevención y acompañamiento de la salud mental en establecimientos educacionales del Biobío.
Fortalecer las herramientas de quienes trabajan directamente con comunidades educativas fue uno de los propósitos del Seminario-Taller “Vínculos Protectores y Funciones Ejecutivas: Claves para la Salud Mental Infanto-Juvenil”, actividad en la que participó como relatora la Dra. Paulina Rincón González, académica del Departamento de Psicología de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Concepción.
La jornada, organizada por la Coordinación Regional del Programa Habilidades para la Vida, perteneciente a la Sección de Bienestar Estudiantil de la Dirección Regional de JUNAEB Biobío, se desarrolló el lunes 5 de octubre en el Auditorio Santa Teresa de Ávila de la Universidad Católica de la Santísima Concepción.
La instancia estuvo orientada a actualizar y fortalecer las competencias técnicas de los equipos ejecutores del Programa Habilidades para la Vida de la Región del Biobío, profundizando en la relevancia de las funciones ejecutivas y de los vínculos afectivos protectores para la salud mental, el desarrollo integral y los procesos de aprendizaje de niños, niñas y adolescentes. Estos conocimientos buscan ser incorporados posteriormente en las acciones de promoción, prevención y acompañamiento que los equipos desarrollan en las comunidades educativas.
Vínculos familiares como factor de protección
Durante el encuentro, que reunió a 82 profesionales, la Dra. Paulina Rincón desarrolló la exposición “Vínculo y relación afectiva entre familias y niños, niñas y adolescentes”, programada como parte del bloque especializado de la jornada.
Su presentación abordó la relevancia de las relaciones afectivas familiares en el desarrollo integral de niños, niñas y adolescentes, así como los cambios propios de las distintas etapas evolutivas y la importancia de contar con herramientas que permitan comprenderlas y acompañarlas. También se trabajaron aspectos relacionados con la comunicación afectiva y efectiva, la escucha activa, la validación emocional, la resolución respetuosa de conflictos y el fortalecimiento de la alianza entre familia y escuela como una comunidad de cuidado y protección.
Para la académica, generar espacios de actualización como este resulta especialmente relevante debido al rol preventivo que cumplen los profesionales del Programa Habilidades para la Vida dentro de los establecimientos educacionales.
“Este tipo de instancias les permiten actualizar conocimientos en temas relevantes de su quehacer y además generar redes de apoyo frente a problemáticas que comparten en el trabajo con las comunidades educativas”, explicó.
La Dra. Rincón agregó que el carácter preventivo del programa vuelve especialmente necesario que sus equipos dispongan de conocimientos y estrategias específicas en salud mental. A su juicio, estas herramientas permiten fortalecer las intervenciones que se realizan antes de que determinadas dificultades alcancen una mayor complejidad.
Cambiar la mirada frente a las dificultades familiares
Uno de los principales énfasis de su intervención estuvo puesto en la manera en que los equipos profesionales se aproximan a las familias cuando enfrentan situaciones complejas relacionadas con niños, niñas y adolescentes.
La académica explicó que, al finalizar su presentación, varios profesionales se acercaron para comentarle que uno de los planteamientos que más les había llamado la atención era precisamente la necesidad de modificar la pregunta desde la cual se observan las dificultades familiares.
“Lo que les llamó más la atención, y una persona incluso me dijo que le remeció, es el cambio de foco en relación con la forma de mirar las problemáticas familiares: pasar de preguntarse ‘¿Qué está haciendo mal esta familia?’ a plantearse como equipos ‘¿Qué necesita esta familia para fortalecer sus recursos de cuidado?’”, señaló.
Desde esta perspectiva, el desafío no consiste únicamente en identificar dificultades, sino también en reconocer los recursos disponibles en cada familia y preguntarse de qué manera la comunidad educativa puede contribuir a fortalecerlos.
Esta mirada implica también ampliar la responsabilidad del acompañamiento hacia los distintos actores que conforman las comunidades escolares. Para la Dra. Rincón, la pregunta que debería acompañar este enfoque es: “¿Cómo podemos apoyarla desde la comunidad educativa?”, incorporando en esa tarea al profesorado, los equipos directivos y los profesionales de apoyo, entre ellos quienes integran el Programa Habilidades para la Vida.
“Creo que este mensaje, que al parecer les hizo mucho sentido, es algo que deben incorporar en su práctica profesional cotidiana”, sostuvo la académica.