Escuela de Mujeres Emprendedoras UdeC reúne a 29 participantes en su versión 2026

La iniciativa, impulsada por la Vicerrectoría de Relaciones Institucionales y Vinculación con el Medio y organizada por la Clínica de Trabajo Social UdeC, combina herramientas de gestión, desarrollo personal y construcción de redes para fortalecer los emprendimientos y la autonomía económica de las participantes.

Con un taller dedicado al autoconocimiento y el liderazgo comenzó la versión 2026 de la Escuela de Mujeres Emprendedoras de la Universidad de Concepción. El programa reúne a 29 mujeres con distintas trayectorias de emprendimiento, de las cuales 24 asistieron a la primera jornada formativa, realizada el jueves 22 de octubre. Las actividades se extenderán hasta el martes 10 de noviembre.

La Escuela es impulsada por la Vicerrectoría de Relaciones Institucionales y Vinculación con el Medio (VRIM). Su organización y ejecución están a cargo de la Clínica de Trabajo Social UdeC, perteneciente al Departamento de Trabajo Social de la Facultad de Ciencias Sociales, en colaboración con el Servicio Nacional de la Mujer y la Equidad de Género (SernamEG). El programa cuenta, además, con la participación de profesionales de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas (FACEA).

La académica Karen Zamora coordina el programa desde la Clínica, con el apoyo de estudiantes que realizan su práctica profesional en la unidad. Según explicó, la Escuela surgió de la necesidad de acompañar a las emprendedoras en la gestión de sus iniciativas y ofrecerles un espacio para compartir experiencias, fortalecer la confianza en sus capacidades y establecer vínculos con otras mujeres.

“Desde el Trabajo Social, comprendemos que el emprendimiento femenino puede constituir una oportunidad para fortalecer la autonomía, la participación social y el bienestar de las mujeres y sus familias”, señaló Karen Zamora.

Una escuela que se construye desde la experiencia de las participantes

Las mujeres que integran esta edición comparten el interés por ampliar sus conocimientos y dar continuidad a sus emprendimientos. Sus distintas trayectorias permiten que cada una aporte al grupo desde lo que ha aprendido al desarrollar su iniciativa. Según explicó la coordinadora, reconocer esos saberes es parte del trabajo formativo de la Escuela.

El intercambio entre pares permite poner en común preguntas, experiencias y formas de abordar los desafíos de emprender. La construcción de redes de apoyo es también parte del propósito del programa, pues amplía las posibilidades de colaboración entre las participantes mientras avanzan en sus proyectos.

Al referirse a la disposición del grupo durante la primera jornada, Karen Zamora destacó el valor que tiene para el equipo la participación de las emprendedoras. “Ver el compromiso y entusiasmo de las mujeres nos llena de orgullo y le da un sentido aún más importante”, expresó.

Autoconocimiento, liderazgo y herramientas de gestión

La primera jornada incluyó el taller “El motor de mi emprendimiento soy yo”, impartido por Claudia Quiroga Sanzana, doctoranda y académica del Departamento de Trabajo Social UdeC. La sesión abordó el autoconocimiento, la autoestima, la comunicación asertiva y el liderazgo como herramientas para desenvolverse con mayor confianza ante las exigencias de un emprendimiento.

El taller invitó a las participantes a reconocer sus fortalezas y considerar cómo aplicarlas en situaciones concretas, como comunicar sus ideas, organizar el trabajo y tomar decisiones. Este primer bloque puso el foco en los recursos personales y sociales con que cuenta cada emprendedora para sostener y proyectar su iniciativa.

El programa contempló una segunda sesión para el martes 27 de octubre, a cargo de profesionales de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas, para complementar el trabajo inicial con contenidos de gestión. La Escuela finalizará el martes 10 de noviembre.

Estudiantes en práctica participan desde la planificación hasta la evaluación

La Clínica de Trabajo Social articula la colaboración entre las unidades universitarias y SernamEG y participa en la coordinación y el desarrollo de las jornadas. La académica Karen Zamora explicó que su aporte consiste en incorporar a la formación las experiencias, necesidades y recursos de las propias mujeres, de modo que el acompañamiento se relacione con los desafíos que ellas identifican en sus emprendimientos.

Las y los estudiantes en práctica profesional se involucran en la planificación, organización, ejecución y evaluación de las actividades. Estas tareas les permiten desarrollar competencias para el trabajo con grupos, la gestión de iniciativas sociales y la vinculación con la comunidad.

“Para la Clínica, estas experiencias permiten articular la formación académica con las necesidades del entorno”, afirmó Zamora.

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