Como parte de la asignatura Práctica I: Intervención en Comunidad y Colectivos Sociales, estudiantes de tercer año impulsaron iniciativas en una escuela de Hualpén y en una junta de vecinos de Villa Ensenada, respondiendo a necesidades identificadas en conjunto con los territorios.
La formación en terreno constituye un componente central del plan de estudios de Trabajo Social de la Universidad de Concepción. A través de la asignatura Práctica I: Intervención en Comunidad y Colectivos Sociales, las y los estudiantes de tercer año ponen en práctica herramientas de diagnóstico, planificación e intervención, articulando su aprendizaje con las necesidades y desafíos de organizaciones e instituciones del territorio.
Durante el primer semestre, distintos equipos llevaron a cabo iniciativas orientadas a responder a necesidades identificadas en conjunto con las comunidades. Entre ellas destacan el trabajo desarrollado en la Escuela Diego Portales de Hualpén y el proyecto impulsado junto a la Junta de Vecinos N.° 54 Villa Ensenada, experiencias que permitieron poner en práctica los conocimientos adquiridos en el aula y fortalecer competencias propias del ejercicio profesional.
Intervención socioeducativa para fortalecer la comunidad escolar
En la Escuela Diego Portales de Hualpén, un grupo de estudiantes desarrolló una intervención comunitaria de carácter socioeducativo enfocada en promover el bienestar de la comunidad educativa.
El proyecto contempló la recuperación de la huerta escolar en colaboración con CONAF, la realización de talleres sobre alimentación saludable y pausas activas para estudiantes, además de una jornada de autocuidado y manejo del estrés dirigida al equipo docente.
El diagnóstico inicial permitió identificar diversas necesidades, entre ellas condiciones de vulnerabilidad social y económica, factores de riesgo presentes en el entorno del establecimiento, el deterioro de la huerta escolar y señales de desgaste emocional entre las y los docentes.
Para el equipo, esta primera experiencia profesional representó la oportunidad de trasladar al territorio los contenidos trabajados durante la formación universitaria. “Pudimos aplicar herramientas de planificación, organización y evaluación, además de promover la participación activa de la comunidad escolar y de distintas instituciones para alcanzar los objetivos propuestos”, señalaron las y los estudiantes.
Asimismo, destacaron que uno de los principales aprendizajes fue comprender la relevancia del trabajo articulado entre instituciones y redes de apoyo, reforzando la importancia de promover espacios inclusivos y reconocer que el bienestar de las y los estudiantes también depende del cuidado de la salud mental y emocional de quienes integran las comunidades educativas.
Entre los principales desafíos mencionaron la necesidad de adaptarse a situaciones imprevistas, como dificultades de coordinación con instituciones externas, problemas de transporte y contingencias sanitarias. Frente a ello, reorganizaron las actividades, gestionaron recursos y buscaron nuevas alternativas para cumplir los objetivos propuestos.
Diagnóstico territorial para fortalecer las redes comunitarias
Otra de las experiencias desarrolladas durante la asignatura tuvo lugar junto a la Junta de Vecinos N.° 54 Villa Ensenada, donde estudiantes de tercer año diseñaron y ejecutaron un catastro territorial dirigido a personas mayores del sector.
La iniciativa surgió a partir de un trabajo colaborativo con la organización comunitaria y tuvo como propósito levantar información actualizada sobre las condiciones socioeconómicas de esta población, con el fin de fortalecer la gestión de redes de apoyo y facilitar la respuesta de instituciones públicas y organizaciones locales ante eventuales emergencias.
Durante el proceso, las estudiantes identificaron necesidades relacionadas con el aislamiento social de las personas mayores, el debilitamiento de las redes de apoyo, las dificultades para acceder a información sobre beneficios sociales y la ausencia de datos territoriales actualizados para orientar la toma de decisiones.
Respecto de la experiencia formativa, el equipo destacó que el trabajo en terreno permitió comprobar la utilidad de las herramientas teóricas y metodológicas adquiridas en la Universidad. “La experiencia ha sido sumamente positiva y dinámica. El traspasar los conocimientos de la sala de clases a la práctica comunitaria nos ha entregado las herramientas necesarias para desplegarnos de manera óptima en el territorio”, comentaron.
Además del aprendizaje técnico, valoraron el desarrollo de habilidades relacionales, el fortalecimiento de la identidad profesional y la capacidad para enfrentar los desafíos propios de la intervención comunitaria.
En ese sentido, explicaron que uno de los principales retos fue coordinar el trabajo con la organización vecinal y definir la metodología para la aplicación del instrumento diagnóstico, proceso que abordaron mediante reuniones periódicas con su profesora guía y espacios de retroalimentación permanente entre las integrantes del equipo.