La Comisión de Género de la Facultad de Ciencias Sociales UdeC realizó la exhibición del cortometraje de ficción dirigido por la periodista Sofía Fernández. Inspirada en historias de mujeres detenidas, desaparecidas y torturadas de la Región del Biobío, la obra dio paso a un conversatorio sobre memoria, creación audiovisual y la importancia de transmitir estas experiencias a nuevas generaciones.
Con la proyección del cortometraje “La Cueca de la Memoria”, la Comisión de Género de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Concepción desarrolló un espacio de encuentro y reflexión en torno a la memoria y las experiencias de mujeres durante la dictadura.
La actividad se realizó el jueves 10 de septiembre en el Auditorio de la Facultad de Ciencias Sociales y contempló, luego de la exhibición, un conversatorio con integrantes del equipo realizador y las y los asistentes. La obra, realizada por la periodista Sofía Fernández, surgió en el contexto de la conmemoración de los 50 años del golpe de Estado y se inspira en historias de mujeres detenidas, desaparecidas y torturadas de la Región del Biobío.
Historias que dieron origen al cortometraje
Durante el conversatorio, Fernández explicó que el proyecto se nutrió de distintas experiencias y materiales vinculados con la memoria. Entre ellos mencionó la recuperación de un libro de poemas de una mujer desaparecida, publicado por su hermana cinco décadas después, experiencia que la llevó a reflexionar sobre la necesidad de seguir abordando historias que permanecen abiertas.
“Mientras más sabemos, más nos damos cuenta de que hay mucho que todavía no hemos sanado”, sostuvo la realizadora, vinculando este proceso con la necesidad de recuperar relatos familiares y colectivos que continúan teniendo efectos en el presente.
Otra de las referencias fue la figura de Sebastián Acevedo. A partir de ese relato, Fernández destacó la relevancia de los ritos de memoria y de las prácticas colectivas que permiten mantener presentes a quienes fueron víctimas de la represión.
La cueca sola constituyó otra de las principales inspiraciones del cortometraje. Para la realizadora, esta expresión permitió representar la ausencia de familiares detenidos desaparecidos, pero también abrió una pregunta respecto de las mujeres cuyas propias historias habían quedado menos visibilizadas.
“Nos hemos dado cuenta de que la historia de las mujeres es una resistencia doblemente invisibilizada”, explicó Fernández.
A partir del trabajo con antecedentes recopilados sobre mujeres detenidas desaparecidas de la Región del Biobío, el equipo comenzó a construir un personaje ficticio que reúne fragmentos de distintas trayectorias.
La investigación también se expresó en el vestuario y la dirección de arte. Fernández destacó el trabajo de Constanza Bravo, quien incorporó detalles presentes en los relatos de familiares y sobrevivientes —como determinados zapatos o prendas— con el propósito de que estos elementos funcionaran como una forma de homenaje y presencia dentro de la obra. “Era muy importante que este homenaje permitiera honrar sus memorias, teniéndolas presentes con estas pequeñas cosas”, señaló.
Crear imágenes para construir memoria
Desde una mirada centrada en la producción audiovisual, Carlos Silva, integrante del equipo, planteó que el cortometraje también permite reflexionar sobre la manera en que se construyen y circulan las imágenes en la actualidad.
Para Silva, existe una paradoja entre la enorme cantidad de imágenes que se producen y la capacidad efectiva de estas para construir relatos significativos. En ese sentido, valoró la posibilidad de generar representaciones propias desde una posición consciente frente a la historia.
“Creo que es súper interesante disponernos a producir nuestras propias imágenes”, expresó, agregando que esta tarea implica preguntarse cómo se construye el relato colectivo y qué imaginarios se proyectan hacia el futuro.
El integrante del equipo destacó además el carácter artesanal y colaborativo del proceso creativo, marcado por jornadas de trabajo, conversaciones y decisiones que quedaron contenidas en la propia imagen cinematográfica.
Memoria entre generaciones
La actriz Sofía Vásquez puso el énfasis en la transmisión intergeneracional de la memoria y en el rol que cumplen las nuevas generaciones en mantener vivas estas historias. “Uno de los propósitos es que no se pierda la historia, que la memoria siga y que, con el paso de los años, las personas más jóvenes vayan sabiendo”, señaló durante el conversatorio.
Vásquez explicó que, aunque no vivió directamente la dictadura, su aproximación a ese periodo se construyó a partir de los relatos de su familia y de las experiencias transmitidas por padres, abuelos y otros familiares. Desde esa perspectiva, destacó que la memoria no se limita únicamente a las historias de tortura, desaparición o muerte, sino que también comprende las formas de organización, apoyo y resistencia que surgieron en distintos espacios durante ese periodo.
Para Vásquez, la participación en el cortometraje estuvo impulsada por una dimensión emocional y de conciencia compartida por el equipo, elemento que, a su juicio, otorgó un carácter especial al proceso creativo.
El cortometraje como rito de memoria
Durante el conversatorio, Sofía Fernández explicó que inicialmente concibió la obra y el diálogo posterior como una experiencia en la que la conversación permitiera completar el relato presentado en pantalla. Sin embargo, posteriormente comenzó a comprender el propio proceso de realización como una suerte de “rito de memoria”.
En este sentido, señaló que el cortometraje busca hacer presentes las historias que lo inspiraron y generar condiciones para que continúen circulando entre distintas generaciones.
“Necesitamos recordar las cosas que pasaron y darles una perspectiva nueva para las nuevas generaciones”, expresó Fernández, relevando la importancia de generar conversaciones que permitan aproximarse a estas experiencias sin perder de vista los ideales de solidaridad, justicia y comunidad que atraviesan la obra.