Mercados patrimoniales que perduran: el legado del proyecto FIC vuelve a encontrarse en la UdeC

Agrupaciones que formaron parte del proyecto FIC Instalación de Mercados Patrimoniales en Biobío participaron en el Día del Patrimonio 2026 en la Universidad de Concepción, evidenciando la vigencia de una red construida durante más de dos años de trabajo colaborativo.

En el hall de la Facultad de Ciencias Químicas de la Universidad de Concepción, entre textiles, piezas de piedra, trabajos en fibra vegetal, platería y objetos elaborados con materiales tradicionales del territorio, las artesanas y artesanos recibían a visitantes interesados en conocer los oficios patrimoniales del Biobío. La escena formó parte de las actividades del Día del Patrimonio 2026, pero también representó algo más: la continuidad de un proceso iniciado años atrás gracias al proyecto FIC Instalación de Mercados Patrimoniales en Biobío.

Aunque la iniciativa concluyó formalmente en 2025, la presencia de agrupaciones provenientes de distintos puntos de la región permitió constatar que muchos de sus objetivos continúan vigentes. La feria desarrollada en el marco de la celebración patrimonial reunió a representantes de organizaciones que participaron activamente en el proyecto impulsado por la Universidad de Concepción y financiado a través del Fondo de Innovación para la Competitividad (FIC) del Gobierno Regional del Biobío.

Para la Dra. Heidi Fritz, académica del Departamento de Antropología de la Facultad de Ciencias Sociales y coordinadora de la iniciativa, la participación de estas agrupaciones constituye una evidencia concreta de los resultados alcanzados.

“Que hoy exista una feria donde las artesanas puedan exponer y comercializar sus productos, utilizando herramientas que surgieron durante el proyecto, da cuenta de un impacto que continúa más allá de su ejecución formal”, señala.

Una iniciativa nacida desde los territorios

El proyecto nació cuando representantes de la Red de Artesanía Patrimonial llegaron a la Universidad de Concepción con una preocupación común entre distintas agrupaciones: generar nuevas oportunidades para visibilizar, fortalecer y proyectar los oficios patrimoniales que forman parte de la identidad cultural del Biobío.

A partir de ese diálogo se conformó un equipo interdisciplinario liderado por la antropóloga Dra. Andrea Aravena, junto a Dra. Heidi Fritz como coordinadora del proyecto, además de profesionales de las áreas de antropología, sociología, diseño industrial y comunicaciones. La propuesta buscó abordar desafíos que iban mucho más allá de la producción artesanal, incorporando dimensiones asociadas a la gestión, la innovación, la difusión y la generación de mercados.

“Las necesidades surgieron desde las propias artesanas. El proyecto se construyó a partir de sus requerimientos y de la experiencia acumulada por organizaciones que llevaban años trabajando en distintos territorios de la región”, explica Fritz.

Más que artesanía: patrimonio, identidad y desarrollo

Durante su ejecución, el proyecto reunió a agrupaciones y cultores provenientes de las provincias de Concepción, Biobío y Arauco, vinculados a diversos oficios, materialidades y tradiciones patrimoniales. En total, 150 artesanas y artesanos participaron en las distintas actividades desarrolladas a lo largo de la iniciativa.

Entre ellas se encontraban organizaciones dedicadas a la cestería en coirón, la alfarería tradicional, el tejido en telar, el fieltro, la platería mapuche, el trabajo en piedra, la artesanía en ñocha y diversas expresiones asociadas a la cultura pehuenche.

En total, la iniciativa articuló una red integrada por más de una decena de organizaciones y decenas de artesanas y artesanos, en su mayoría mujeres, cuyos oficios constituyen expresiones vivas del patrimonio cultural regional.

El proyecto se estructuró en torno a cuatro grandes ejes: investigación, capacitación, difusión e instalación de mercados patrimoniales. Uno de los resultados más visibles fue la creación de la plataforma digital Red Artesanía Patrimonial Biobío, un espacio destinado a visibilizar a las agrupaciones, sus trayectorias, productos y territorios. A ello se sumó la elaboración de un catálogo regional, material audiovisual y diversas acciones de difusión orientadas a fortalecer el reconocimiento de estos oficios como parte del patrimonio cultural del Biobío.

Innovar sin perder la tradición

Otro de los componentes relevantes estuvo asociado al fortalecimiento de capacidades y al desarrollo de procesos de innovación en los productos elaborados por las agrupaciones participantes.

A través de talleres y asesorías especializadas, artesanas y artesanos trabajaron aspectos relacionados con diseño, terminaciones, presentación comercial y diversificación de productos, siempre resguardando las técnicas y conocimientos tradicionales que sustentan cada oficio.

Algunas agrupaciones desarrollaron nuevas líneas de productos, incorporaron variaciones en formas y colores o mejoraron aspectos vinculados a la comercialización, recibiendo incluso reconocimientos por las propuestas desarrolladas durante el proceso. “Lo importante era fortalecer la competitividad sin perder la identidad patrimonial de cada oficio”, destaca Fritz.

Herramientas para el futuro

Uno de los hitos más recordados del proyecto fue la construcción de una tienda móvil y de una serie de tótems expositivos diseñados en colaboración con la Escuela de Diseño Industrial de la Universidad del Biobío.

Estas estructuras fueron concebidas para facilitar la participación de las agrupaciones en ferias, exposiciones y actividades de difusión, permitiendo exhibir los productos de manera profesional y adaptable a distintos espacios. Precisamente fueron estas estructuras las que volvieron a utilizarse durante el Día del Patrimonio 2026 en la Universidad de Concepción.

La escena tenía un carácter simbólico. Los mismos dispositivos creados durante el proyecto continuaban cumpliendo la función para la cual fueron diseñados: acercar el patrimonio artesanal a nuevos públicos.

Una red que continúa creciendo

Entre las agrupaciones presentes durante la celebración patrimonial se encontraban representantes de la cestería en coirón de Talcahuano y Hualqui, artesanas pehuenches, cultores de la piedra, creadoras textiles y representantes de otros oficios tradicionales vinculados a la red.

Más que una actividad aislada, la feria permitió reencontrar a muchas de las personas que participaron en el proyecto y observar cómo los vínculos construidos durante esos años siguen generando nuevas oportunidades de colaboración.

Para la académica, ese es precisamente uno de los principales legados de la iniciativa. “Lo que permanece no son solo los productos o las herramientas materiales. También queda una red de relaciones, aprendizajes compartidos y capacidades instaladas que permiten a las agrupaciones proyectarse y seguir fortaleciendo su trabajo”, afirma.

A casi un año del cierre formal del proyecto, la presencia de estas agrupaciones en la Universidad de Concepción demuestra que los mercados patrimoniales impulsados desde la academia no fueron únicamente una estrategia de comercialización. También constituyeron una apuesta por fortalecer identidades locales, promover el reconocimiento de los oficios tradicionales y generar espacios donde patrimonio, comunidad y desarrollo puedan encontrarse.

Y mientras visitantes recorren los stands, observan técnicas ancestrales o conversan con las cultoras sobre el origen de sus piezas, queda en evidencia que el verdadero cierre del proyecto no se encuentra en una fecha administrativa, sino en la capacidad de estas comunidades para seguir transmitiendo conocimientos, historias y formas de habitar el territorio.

Como parte de los resultados alcanzados, la Red se constituyó legalmente como Corporación, fortaleciendo su capacidad de gestión y proyección futura. La entidad es presidida por Patricia Parra, quien ha liderado el trabajo colaborativo de las agrupaciones que integran esta iniciativa.

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