La iniciativa, desarrollada de manera conjunta por académicos y estudiantes, refuerza la formación disciplinar, amplía los espacios de especialización y potencia la vinculación con el entorno.
Este 2026, la carrera de Antropología de la Universidad de Concepción comenzó a implementar un nuevo plan de estudios. El proceso de actualización curricular, iniciado en abril de 2023, tiene por objetivo redefinir el perfil de egreso de las y los estudiantes, modernizar la formación disciplinar y responder a las demandas del contexto profesional actual.
Especialización temprana y fortalecimiento del perfil profesional
Uno de los cambios más relevantes es la reorganización del proceso formativo. La nueva malla establece un ciclo inicial común de dos años, tras el cual las y los estudiantes eligen su mención —antropología física o sociocultural— y cursan dos años de especialización, ampliando así este periodo, que anteriormente era de un año. El quinto año mantiene la estructura que incluye tanto la práctica profesional como el seminario de titulación.
Este ajuste busca profundizar la formación en cada área sin perder el diálogo entre ambas menciones. “Así, en tercer año, si bien las y los estudiantes comienzan su proceso de especialización, en las dos menciones se incorporan asignaturas compartidas en temáticas transversales, como antropología del género, derechos humanos, interculturalidad y patrimonio”, explicó Daniela Leyton, Directora del Departamento de Antropología.
Nuevas líneas formativas y mayor vinculación con el entorno
El nuevo plan de estudios organiza la formación en distintas líneas, entre ellas, el fortalecimiento de la metodología de investigación, el desarrollo teórico de la disciplina, la incorporación de contenidos históricos y el énfasis en la dimensión etnográfica.
Asimismo, el perfil de egreso de la carrera de Antropología se estructura en tres ámbitos de desempeño: Investigación Antropológica; Planificación, Formulación y Evaluación de Proyectos; y Trabajo con Comunidades. Estos ejes orientan la formación de competencias a lo largo de la carrera, integrando tanto el trabajo académico como la inserción profesional, y permitiendo a las y los egresados desempeñarse en instituciones del sector público o privado.
En esta línea, la actualización responde directamente a brechas detectadas en la formación anterior. Por ejemplo, se incrementa la cantidad de cursos de etnografía para fortalecer el trabajo de campo, y se incorporan asignaturas vinculadas a formulación y evaluación de proyectos, considerando que muchos egresados se desempeñan en estas áreas.
De acuerdo con Ivanna Toyo, Jefa de Carrera, en el caso de la mención de Antropología Física, el plan de estudios refuerza los contenidos asociados a la bioarqueología, ámbito en el que actualmente se desempeñan gran parte de sus egresados. En esa línea, se actualiza el enfoque formativo —anteriormente más centrado en lo forense— para fortalecer la dimensión bioarqueológica, especialmente en contextos prehistóricos y de análisis contextual.
“Además, se reorganizaron contenidos específicos, como anatomía y osteología, trasladándose al ciclo de especialización, lo que permite que las y los estudiantes los cursen según su mención”, explicó. El plan mantiene la formación en diversas áreas de la antropología física, como la antropología forense, la somatología, la adaptación y la genética humana.
El nuevo plan también incorpora una mirada que combina el enfoque territorial con una perspectiva amplia de la disciplina, abordando problemáticas locales y nacionales, como aquellas vinculadas al patrimonio, medio ambiente y derechos humanos, que hoy abren nuevas oportunidades laborales para antropólogos y antropólogas.
Para Nicolás Basso, estudiante de la mención física, este cambio modifica aspectos clave de la carrera, generando un plan de estudios que aborda las problemáticas contemporáneas de la disciplina. “Esta actualización profundiza en los estudios evolutivos, físicos, históricos, interculturales y patrimoniales de nuestra sociedad, desarrollando una visión holística del ser humano, esencial para el quehacer antropológico”, señaló.
Desarrollo del proceso
La iniciativa surgió a partir de una necesidad compartida por académicos y estudiantes de modernizar una malla vigente desde 2009, que no había experimentado modificaciones estructurales. A ello se sumó el requerimiento de la Dirección de Docencia de adecuarse al modelo educativo de la universidad.
El proceso se extendió por cerca de tres años y contempló la participación de un equipo integrado por académicos, empleadores, egresados y estudiantes de ambas menciones, quienes trabajaron en conjunto en la definición de los cambios. Ivanna Toyo destacó que los representantes estudiantiles, además, canalizaron la opinión de sus pares mediante instancias de validación, lo que permitió ajustar decisiones curriculares en función de sus necesidades formativas.
Durante 2025, Amapola Cofré, estudiante de la mención sociocultural, participó como encargada académica, actuando como nexo entre estudiantes y docentes. Este rol le permitió identificar tanto problemáticas en el aprendizaje como en la enseñanza, comunicando dificultades en asignaturas que afectaban el desarrollo formativo y el enfoque disciplinar. Para ella, esta actualización permitirá formar especialistas más preparados y alineados con las problemáticas contemporáneas.
“La antropología es una disciplina en constante evolución, y con el cambio de malla se integraron múltiples visiones y teorías que han surgido durante los últimos años. Junto con ello, es importante destacar el compromiso que ha surgido entre estudiantes y docentes frente a este proceso, fortaleciendo una comunidad activa en el desarrollo de la disciplina”, añadió Nicolás Basso.